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Lume de Biqueira, las Gaitas gallegas que suenan en Madrid

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19 Noviembre 2011
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Estandarte de la Banda de Gaitas Lume de Biqueira. Foto en el desfile de San Patricio, Dublín, 2004

"...lo que siempre manda es poner el corazón en lo que haces..."


Lume de Biqueira es una banda de gaitas gallegas de Madrid (España). Durante toda su andadura, la banda ha participado en las Ligas Nacionales de Bandas de Gaitas gallegas, ascendiendo año tras año hasta alcanzar la primera categoría y aspirar al título de campeona de dicha liga en varias ocasiones, participando como banda del Centro Gallego de Madrid, pero han ido más allá de las fronteras españolas participando hasta tres veces en el Festival de San Patricio de Dublín invitados por la organización. En estos días ensayan para su próximo concierto dentro de la programación del William Kennedy Piping Festival en Armagh, que comienza el próximo 18 de Noviembre.


Estoy con Ángel Hernando, presidente de la asociación, y Fernando Molpeceres, responsable de comunicación y Mestre Gaiteiro, a los que doy las gracias por hacerme un hueco minutos antes de comenzar un nuevo ensayo en su local del Paseo de Extremadura.


Lleváis ya 13 años haciendo sonar vuestras gaitas. Primero como la Banda del Centro Gallego de Madrid y, ya en 2008, como Lume de Biqueira ¿Cómo y de quién nace la idea de formar una banda de gaitas en Madrid?


Fernando:
Los centros regionales, considerados centros históricos, tuvieron su sentido sobre todo a principios del siglo XX para dar cobertura y apoyo a los emigrantes que venían a Madrid y para ayudarles a mantener una relación con su tierra. Una de las actividades que hacían habitualmente era la música tradicional propia, aunque con el tiempo, hablamos ya de los años 80-90, estos centros fueron perdiendo un poco su misión de centro aglutinador debido al desarrollo, sobre todo, de las infraestructuras de comunicación. Sin embargo, se mantienen los grupos dedicados al folclore y a la tradición cultural, al menos en el Centro Gallego de Madrid con la agrupación “Rosalía de Castro” que se dedicaban al baile y la música. Lo que sí es cierto, es que en los años 80 nace un gran interés alrededor de la música celta y la música de gaitas, lo que lleva al Centro Gallego de Madrid a plantearse la formación de una banda de gaitas del estilo que se denomina marcial. Se consigue un profesor, Darío Nogueira (Mestre Gaiteiro formado en la Real Banda de la Diputación de Orense y actual director de Lume de Biqueira) y se comienza a formar a los futuros miembros de la banda.


A lo largo de todos estos años, habéis contribuido a la difusión de la música tradicional gallega. La historia del pueblo gallego va indiscutiblemente ligada a cada uno de los diferentes géneros musicales, reflejando su carácter y sus costumbres. ¿Cuáles son estos elementos culturales propios del pueblo gallego que podríamos encontrar cuando escuchamos a Lume de Biqueira?


Fernando:
En cualquier ámbito rural el folclore nace como una necesidad funcional. Hay determinados trabajos rutinarios en el campo, en las tareas domésticas del mundo rural en general, que se mueven en base a ritmos y esos ritmos se van convirtiendo en música, a veces cantada y con el tiempo instrumental. El folclore, nace como una forma de aliviar las tareas del trabajo. Sí es cierto que en cada zona, aunque es común a cualquier pueblo de Europa, se desarrolla un folclore propio tanto por sus condiciones geográficas como por las condiciones de aislamiento que tienen respecto a otros pueblos. De ahí nos podemos encontrar esas conexiones aparentes de la tradición gallega con los mundos atlánticos, con los mundos celtas, que son, insisto, aparentes nada más porque de música celta no se puede hablar más que como una etiqueta de las discográficas anglosajonas, pero sí es verdad que hay elementos que se van desarrollando en la idiosincrasia de los pueblos y que va haciendo que a esa música, que inicialmente es exclusivamente funcional, se añadan dos elementos nuevos: el festivo y el religioso o ceremonial. Digamos, por tanto, que hay tres patas que componen ese folclore: las creencias religiosas y la necesidad de honrar a los santos, la necesidad de aliviar las tareas y la necesidad de hacer fiesta y divertirse, siendo ésta última la que con el tiempo ha tenido más penetración y se ha extendido en mayor medida.


Concierto en escenario (Guadalajara, 18 de junio 2011, Solsticio Folk)

Estos tres componentes dan lugar al nacimiento de los diferentes géneros de la propia música tradicional. No obstante hay conexiones entre canciones y melodías que encontramos muy parecidas en el folclore castellano, ritmos comunes en diferentes partes de España como la Jota, muy extendida en la mitad norte de España o el Pasodoble común a toda España, pero también hay ritmos importados como, por ejemplo, la Polka que la puedes encontrar en distintas partes de España y que trajimos en el primer tercio del siglo XIX de Polonia o la Mazurca que la podemos encontrar tanto en España como en Europa. El folclore se va configurando con éstos dos elementos, con sus conexiones y con sus aislamientos.


Vosotros, en vuestra vida cotidiana, fuera de los ensayos, conciertos, clases… ¿Cómo mantenéis viva a Galicia en el día a día? ¿Qué costumbres no habéis dejado de lado?


Ángel:
No podemos hacer un misticismo acerca de mantener según qué tradiciones y formas de entender la vida. La gente que procede de Galicia, y quizá ya no tanto la generación actual sino la de sus padres y sus abuelos, mantienen, por lazos familiares o de amistad con gente de la tierra de la que proceden, una relación completamente natural con esos orígenes. Quizá lo que ocurre es que en ciudades tan grandes como Madrid parece quedar diluida. Las manifestaciones sociales y culturales de masas en una ciudad como ésta, pierden un poco ese sentido de cómo habían nacido, según qué folclore en según qué sitios. Pero en lo íntimo, las personas que no han perdido esa raigambre por sus padres, sus abuelos…sus constantes idas y venidas y que, además están aquí haciendo ese tipo de música, mantienen una llama que no se apaga. No existe ese “altar” interno, es una relación viva.


En la actualidad no sólo ofrecéis conciertos, también apostáis por la formación. ¿Cuál es el perfil más común entre aquellos que se acercan por primera vez a vosotros? ¿Qué interés les mueve?


Fernando:
Hay tantos perfiles y motivaciones como puedas imaginar, desde la gente que viene porque son de familia gallega o ellos mismos son gallegos y en un momento de su vida se plantean el aprender a tocar el instrumento propio de su tierra, porque con la gaita pasa algo que no pasa con otros instrumentos del mundo y es que es icono de los pueblos donde se toca, esa simbiosis instrumento-hombre no se da en ningún otro sitio, pero también gente que lo que tiene la cabeza son los sonidos escoceses y que lo más próximo que se encuentran aquí es la música gallega, aunque tengo que decir que nosotros no hacemos ascos a incorporar en nuestro repertorio también esas composiciones irlandesas y escocesas. Esas serían las dos motivaciones fundamentales, esa gente que tiene relación con Galicia y gente que quiere aprender la música celta. Quizá ahora esa demanda es menor que hace diez años, ya que todo se mueve un poco por ciclos, y también es verdad que antes la única manera de aprender a tocar un instrumento que se pareciera algo a lo celta era tocar la gaita gallega. Actualmente ya existen en la ciudad profesores de gaita irlandesa, flauta irlandesa, acordeón…que antes eran imposibles de encontrar en Madrid. Hay que decir que mucha gente que se acercó a nosotros por ese embudo de la música celta terminó amando más la música gallega que la propia música irlandesa en una especie de reconversión y porque la terminaron sintiendo… es una música de sentimiento.



Cuarteto tradicional (Guadalajara, 18 de junio 2011, Solsticio Folk)

Ángel: Lo que nosotros también hacemos es una acción de acercamiento de la música a la gente que no tiene la capacidad de acceder a una formación musical reglada como podría ser el Conservatorio que, quizá, tiene un aspecto más clasicista. La gente quiere tocar instrumentos, quiere tocar en la calle y disfrutar de la música…ofrecemos lo que sería una fórmula intermedia. Como asociación que somos, tenemos también una función social y es traer gente joven, sobre todo, al mundo de la música y que disfruten de ella.


¿La gente que se acerca a vosotros buscando esa formación lo hace desde el interés estrictamente musical o también existe una demanda por conocer otros elementos más relacionados quizá con la cultura propia?


Fernando:
No lo piden pero yo lo doy. Lo exijo. Quiero decir que aproximadamente la mitad de la clase la dedico a aspectos no musicales. La idea para mí de la gaita como sentimiento es fundamental, si no las sientes es un instrumento más y no vale. La mitad de la clase la dedicamos a aspectos en que, por ejemplo, se conoce a los grandes gaiteros de todas las épocas, hacemos audiciones de piezas que pueden tener más un siglo, dedicamos tiempo a aprender cosas relativas al traje tradicional gallego… a tantos aspectos culturales que rodean la gaita como se te ocurran. Me parece fundamental.


En la música celta, hay un aspecto místico que en muchos casos se expresa con la gaita, ¿Tiene también la gaita gallega este punto de misticismo?



Fernando Molpeceres, Laura W. Valenzuela y Ángel Hernando

Fernando: Sí, pero el misticismo de la gaita, incluso la gaita como icono, tiene un punto de aparición. Es en el siglo XIX con el Romanticismo cuando, al amparo de ese movimiento cultural, artístico y literario, se vuelven los ojos hacia determinadas tradiciones que estaban muertas. Así como los ingleses en la época victoriana fijan su mirada en los “highlanders” y en sus instrumentos, lo mismo ocurre en Galicia. En Galicia buscaban además, como ocurre durante la época de los nacionalismos, sus señas de identidad. Los grandes poetas románticos gallegos como Rosalía de Castro, Curros Enríquez…descubren ese icono en la figura del gaitero y la gaita, en un instrumento de sonido irregular, muy especial y hasta misterioso. Un instrumento que estaba hecho para tocar al aire libre, potente y siempre identificado, sobre todo en la zona atlántica que es donde terminan las migraciones celtas y donde el instrumento alcanza mayor evolución, con el pueblo que lo toca. Parece además que hay un denominador común en los grandes bosques, las brumas…que los escritores gallegos supieron utilizar muy bien para la creación de éste icono.


Ángel: Yo no soy músico, pero como amante de la música tengo que contarte mi experiencia. Como oyente y amante de la gaita gallega creo que hay en momentos en que tiene sonidos sublimes. Te voy a contar un par de casos. El primero: costa gallega, después de una gran tormenta en las que las olas barrían el paseo marítimo, Fernando se encarama a una roca. Saca la gaita empieza a tocar “María Soliña” frente al mar. Se me pusieron los pelos de punta. El segundo, en el entierro de mi padre, Fernando vuelve a tocar la misma canción…El tono de esa gaita con esa canción es una delicia, algo que te transporta…como decía, sublime.


En el año 2007 grabáis vuestro primer trabajo “Mañana Más”, donde además fusionáis las gaitas con otros instrumentos que nada tienen que ver con la música gallega y con estilos completamente diferentes a los propios de la música tradicional. ¿Podemos hablar de una “actualización” o “evolución”?


Fernando: Sí, es una evolución. Digamos que nuestro director Darío Nogueira es inquieto y quedarse anclado en determinadas estructuras o determinadas formas creo que no tiene sentido. Darío hace una apuesta por incorporar instrumentos, insisto en que el tipo de música que hacemos en el disco sólo podemos reproducirla en escenario, como la guitarra o el bajo eléctrico que amparan un poco el sonido de la banda de gaitas. Incorpora batería e instrumentos que nos ayudan a desarrollar la música con un formato digamos más actual, más asequible para el gran público y, sobre todo, se trabajan los temas de tal manera que resulten fáciles de oír. Hay discos y fusiones que están hechas como un gran ejercicio musical pero que resultan complejas de escuchar y entender. Sin embargo, este disco fue desde el principio para todos los públicos. La experiencia es muy positiva cuando el público, desde niños pequeños hasta gente mayor dicen que lo han disfrutado.


Desfile en San Patricio, Dublín, 2004

De principio a fin encuentras piezas clásicas, piezas arrumbadas, encuentras guiños a la samba, por supuesto música gallega y también música escocesa. La idea del disco fue creciendo muy despacio porque los temas estuvieron madurando durante casi dos años, pero la acogida por parte del público y la crítica especializada nos dio la pauta de lo que opinaban auténticos expertos en música sobre lo que habíamos hecho. Además, insisto, somos un grupo de aficionados .Nadie trabajamos en esto, es simplemente nuestro hobby, nuestro entretenimiento. Dedicamos el tiempo que podemos o nos apetece y que profesionales como la gente de “Melómano”* calificaran el disco de esta manera nos llena de satisfacción.


¿Creéis que para que la música tradicional siga viva es necesaria la fusión?


Fernando:
Creo que no. Aparte de lo que es la banda yo, junto con otras tres personas, formamos un cuarteto tradicional gallego, que se compone de dos gaitas y dos percusiones: un tamboril y un bombo, tal como se interpretaba la música Galicia a principios del siglo XX. Es un formato más intimista, muy apegado a la tradición, y cuál es nuestra sorpresa que, cuando una y otra vez nos presentamos con ese formato delante del público más heterogéneo que puedas pensar, a la gente le gusta. Estamos tocando como hace cien años y a la gente le gusta. Yo creo que hay que hacer las cosas de dos maneras: una aportando calidad siempre y luego hacerlo con el corazón. Hay que evolucionar la manera de tocar y de interpretar, la fusión es buena, es necesaria la evolución… pero la evolución tiene muchos caminos y al final lo que siempre manda es poner el corazón en lo que haces y la calidad de lo que ofreces…y tantear el gusto del público, claro.


Habéis tocado con varias figuras reconocidas internacionalmente de la música celta como Carlos Núñez, Luar Na Lubre, Hevia o The Chieftains… ¿Cómo vivís esa experiencia? ¿Qué os aporta?


Ángel:
Para la gente aficionada, tocar con gente consagrada es un escalón superior… es impresionante que gente que está en las alturas te diga “toca conmigo” pero, además, la gente se lo pasa de miedo porque claro, al final, el objetivo de la gente que pasa por aquí es disfrutar de la música y de las tradiciones, pero es además tocar en público y pasarlo bien.


Página de El País 18/03/2004

Si encima estás en un teatro lleno a rebosar y la música suena divinamente pues entonces no solamente se le eriza el pelo al público sino también al que toca…La emoción incluso puede llegar agarrotarte un dedo mientras estás tocando…


Fernando: En la época de finales de los años 70, cuando la música celta era una gran desconocida en éste país, Tierno Galván que era el alcalde de Madrid traía unas maratones de música celta al Retiro y ponía una carpa donde disfrutábamos cuatro… cuando pasan los años y de repente tienes la oportunidad de subirte a un escenario con Paddy Moloney…¡Ostras! es como un subidón…por lo menos para mí que soy muy sentimental para estas cosas. Era uno de mis grandes ídolos, estaba como un crío pequeño. Mientras algunos estaban en la prueba de sonido ¡yo estaba buscándole por todos los lados a ver si podía hacerme una foto con él!...Al final algunas colaboraciones acaban convirtiéndose en rutinarias y hasta aburridas cuando las repites varias veces, pero ahora que hay nuevos miembros en la banda y llevamos tiempo sin hacerlas, quizá sería un buen momento para retomarlas…


Habéis participado varias veces en el Festival de San Patricio de Dublín…y ahora os preparáis para el William Kennedy Piping Festival en Armagh, Irlanda del Norte, al que acudís por segunda vez. ¿Cómo se vive la experiencia de compartir vuestras raíces con otros pueblos? ¿Qué aspectos son más enriquecedores?


Fernando:
A nosotros nos invitan a Dublín en 2003, en un viaje en gran parte subvencionado por el Instituto Cervantes y la organización. A pesar de no contar con medios comparables a otro tipo de desfiles, como el de la cabalgata de Reyes de Madrid, para ellos San Patricio es su día, su gran día, el día nacional .Está todo el mundo la calle viviendo aquello y tienes todo Dublín para desfilar. Aquel año íbamos de novatos. Tuvimos un par de actuaciones callejeras planificadas y luego desfilamos el gran día. Cuál sería nuestra sorpresa que cuando empiezan a dar los premios, nos otorgan el premio a la mejor banda del festival. Eso nos sorprendió bastante y hasta estuvimos en una recepción con el alcalde. Nos hizo muchísima ilusión. No nos lo esperábamos e incluso hubo un tanteo por parte de alguno de los jueces para ver si podíamos ir a Chicago al año próximo. Al año siguiente nos vuelve a invitar la organización. Es el año 2004. San Patricio se celebra el 17 de Marzo y el 11 de Marzo se producen los atentados de Atocha. Nos convertimos en una especie de embajadores del dolor del pueblo español en Irlanda. Pocas veces en mi vida he vivido tantas emociones en tan poco tiempo… todos llegamos allí absolutamente acongojados, eran unos momentos duros. La gente nos recibió de una manera increíble. Estábamos en la televisión permanentemente, desde que llegamos al aeropuerto…Por supuesto, tuvimos una recepción con el nuevo alcalde, Royston Brady, un hombre joven muy amable y que quiso acompañarnos durante todo el desfile.

Llevábamos un lacito con la bandera española y crespón negro en señal de luto y un repertorio muy completo, muy serio, porque no todas las bandas, especialmente las americanas, van tanto con la idea de hacer mucha música como con la idea pasarlo bien, pero nosotros nos ponemos muy serios. Estábamos todos hechos polvo y empezamos a desfilar. Al poco de comenzar el desfile, la banda que iba delante nuestro desaparece a lo lejos, la que iba detrás se para y no nos sigue… íbamos prácticamente desfilando solos por Dublín. Nos iba parando todo el mundo… todo el mundo aplaudiendo… nosotros estábamos muy acongojados, no podía ser de otra manera… el alcalde venía con nosotros charlando con la persona que llevaba el estandarte… y fueron unos momentos absolutamente increíbles.


Portada 18/03/2004

No se puede describir con palabras…fue algo brutal. Les decía a mis compañeros, mucho más jóvenes que yo, que pensaran en ese momento como uno de los momentos más emocionantes de su vida. Era todo un pueblo acompañándonos en el dolor que sentíamos… estaban con nosotros. Nuestra relación con Irlanda es muy especial. Para nosotros Irlanda es nuestra segunda casa. En el año 2010 volvimos a repetir en el festival y ahora nos vamos al William Kennedy Piping Festival en Armagh.


¿Cuáles diríais que son los elementos comunes y cuáles los que os diferencian en cuanto a la tradición, interpretación…?


Ángel:
La gente que ama la música es exactamente igual en todos los países. Lo que sí es cierto que es que allí, y por la percepción que yo tengo, la cultura musical empieza a aprenderse desde que son muy pequeños. En el año 2008, Fernando, mi hijo y yo fuimos al festival de Armagh. En las matinales veías a los niños disfrutando de aquello, y en los conciertos de por la tarde o por la noche, veías a los adultos comportándose de la misma manera en que habías visto a los niños esa misma mañana. Eso quiere decir que ellos mismos hace veinte años habían ido hacer lo mismo que estaban haciendo sus hijos, y eso se sigue expandiendo… Además, estadísticamente hablando, queda demostrado por la relación entre la cantidad de músicos que salen y el número relativamente pequeño de habitantes que tiene el país.


Fernando: Hay una cosa curiosa que en Galicia me molesta muchísimo. Si, por ejemplo, vas y quieres disfrutar de un rato de música tradicional te vas a volver loco buscando y probablemente no encuentres donde disfrutar esa música tradicional. En Irlanda, y sobre todo cuando no es época de grandes conciertos, puedes encontrar al gaitero más ilustre del país en un pub, rodeado de chavales que están aprendiendo a tocar el banjo, o el whistle…improvisando una sesión. Hay un aprendizaje permanente, es divertido, entretenido y eso lo envidio. En Galicia no existe. En Galicia se quejan, pero hay mucho secretismo. Aquello es como para iniciados, es un mundo cerrado…o estás dentro del círculo o nada…Es una pena. Irlanda es un mundo abierto, los grandes maestros bajan allí y lo comparten con el resto los chicos, disfrutan, aprenden, la gente escucha, y lo que me parece más importante es que ellos hacen la música para ellos, es lo que les divierte, lo que les gusta, acompañan en los bailes tradicionales, viven su sentimiento…y no lo hacen para los turistas o para ganar dinero como sucede aquí. Los gallegos se quejan de que no tienen esa difusión y quizá sean ellos mismos los culpables.


Entonces, ¿la música tradicional gallega sigue viva pero cerrada el mundo?



Gaitas en la sala de ensayos

Fernando: Exacto. No se abre ni quieren abrirse. Tengo amigos en muchos sitios de Galicia y cuando intentas averiguar dónde o cómo puedes contactar con gente buena para tomar clases o escucharles hay un secretismo total… inaudito.


Ángel: Lo que sí tengo claro es cómo nosotros vemos el hecho de dar clases aquí, cuál es la función social que queremos realizar y dónde queremos llegar… Precisamente se trata de suplir eso. La música tradicional sí se mantiene, lo que no se mantiene es la tradición. Éste es un país en el que por diferentes razones, y sin entrar en aspectos como la Guerra Civil, o de tipo político…se empezaron a romper lazos y se perdieron súbitamente las tradiciones. Todo lo que recordaba al pasado se eliminaba del día a día…se perdió la arquitectura y pueblos en los que encontrábamos preciosos edificios de piedra, ahora está llenos de construcciones horrorosas, eso no ha pasado en zonas como Normandía... la literatura se convirtió en literatura de masas y la gente se dedicaba a leer novelitas de vaqueros… y así pasó con todo porque en realidad lo que se perdió fue la tradición.

Estamos en un país en el que estaban prohibidas las reuniones y en el que había que pedir permiso hasta para hacer una junta de vecinos, así que imagínate bajar al bar para tocar música…impensable… Pero es que hoy día tampoco hay posibilidad de hacer música en la calle. Por ejemplo, en Madrid está prohibido tocar instrumentos de percusión en la calle. Nos encantaría hacer un ensayo al aire libre, tenemos muy cerca la Casa de Campo, pero quizá molesten veinte gaitas sonando y no lo digo por la gente, sino desde el punto de vista formal… a veces la legislación en muy ambigua respecto a éstos temas… en esta ciudad, hasta tocar música en locales espontáneamente es imposible porque no hay permisos. No podemos salir a la calle a tocar para que la gente sepa que estamos aquí y eso no ocurre en otros países como en Irlanda.


Contadnos algo de vuestros futuros proyectos… ¿habéis pensado en alguna colaboración con nativos de otros continentes, como americanos, australianos…?


Fernando:
En este momento no. Independizarnos del Centro Gallego y venir aquí ha sido una etapa dura porque se ha quedado gente por el camino… pero afortunadamente la banda tenía un núcleo duro de gente importante que no hemos perdido y que nos ha permitido mantenernos. No nos olvidemos además que, en Galicia, también las bandas de gaiteros están perdiendo integrantes de una manera importante y la única manera que han encontrado para mantenerse es fusionándose entre ellas. Con eso se conforman. Nosotros no. Tenemos el número de gente suficiente y estamos tratando de formar alumnos. Digamos que nuestro camino ahora mismo va por la conseguir cohesión y volver a dotarnos de solidez antes de iniciar nuevas aventuras.


Entre ésta nuevas aventuras si está, por ejemplo, la de grabar un segundo disco, porque el cuerpo ya lo pide. En unos días viajamos a Armagh, un festival de gaiteros para gaiteros, donde hay gente de toda Europa y no exclusivamente de la zona atlántica, y es un buen escaparate para darnos a conocer y donde puede surgir cualquier cosa. Como iniciativa propia, ahora mismo no estamos pensando en nada concreto. Nuestro objetivo fundamental es dotarnos de solidez, de capacidad de maniobra, que hemos perdido un poco en estos dos o tres últimos años, y a partir de ahí empezar a trabajar otra vez como lo hicimos en su momento.


Ángel: Yo creo que a partir de ahora debemos explotar más las actuaciones en directo. Hacer más conciertos. Se toca muy bien y las sensaciones y la sonoridad de un concierto no se dan en, por ejemplo, los pasacalles.


Fernando: Además visualmente somos muy potentes, somos muchos, somos dinámicos en el escenario y hay una muy buena respuesta por parte del público. Pero no debemos olvidar que somos una asociación sin ánimo de lucro y que debemos financiarnos. No podemos prescindir de los pasacalles y de los desfiles, que además son importantes para que los miembros más nuevos de la banda cojan confianza y experiencia.

 

Sólo tengo que agradecer a Fernando y a Ángel estos minutos que hemos podido compartir, en el que hemos disfrutado y revivido algunas de sus experiencias más importantes con Lume de Biqueira. Personalmente, he tenido el placer de verlos en más de una ocasión en directo y espero volver a verlos muy pronto sobre un escenario. De momento, nos dejan un CD, “Mañana Más” para que podamos hacer más amena la espera.


*Revista especializada en música clásica

www.lumedebiqueira.es

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