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El Día de los Muertos

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01 Noviembre 2011
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Detalle del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central de Diego Rivera. A la izquierda de La Catrina, Diego Rivera (niño) y Frida Kahlo, a la derecha José Guadalupe Posada


Si existe una tradición arraigada en el pueblo mexicano, que se mantiene desde los tiempos de los aztecas, es sin duda la celebración del Día de los Muertos, declarada por  la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Cada 2 de Noviembre los comercios echan el cierre y millones de mexicanos salen a la calle a celebrar una festividad que aúna elementos tradicionales y religiosos. Altares, dulces, imágenes de los difuntos y calaveras inundan las calles y las casas de los mexicanos durante las celebraciones, que se extienden durante varios días. Los cementerios se llenan de flores y de mexicanos que van a presentar sus respetos a sus difuntos.

A lo largo de todo el país se pueden encontrar manifestaciones de esta festividad propia y exclusiva de México y que también se celebra en las comunidades de emigrantes asentadas fuera de las fronteras de la república mexicana, como en Estados Unidos, pero ¿de dónde viene y en qué consiste exactamente el Día de los Muertos?


Los orígenes y las fiestas prehispánicas

Cómo ya apuntábamos anteriormente, la fiesta tiene origen en el pueblo azteca. Se conocen registros de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Según sus creencias, cuando alguien abandonaba el mundo de los vivos comenzaba un viaje a un nuevo lugar. El pueblo azteca establecía varios posibles destinos dependiendo de cómo hubiese sido el fallecimiento:


Altar típico del Día de los Muertos con sus elementos mas característicos

Aquellos que morían accidentalmente o por enfermedades incurables, así como los niños sacrificados al dios, iban a parar a Tlalocán (una especie de paraíso terrenal) donde les recibía Tláloc, dios de la lluvia. Aquellos que llegaban a Tlalocán pasaban la eternidad cazando mariposas, comiendo frutas deliciosas o jugando a la pelota.

Los muertos en combate, los prisioneros sacrificados o las mujeres que morían durante el parto viajaban al Omeyocan, paraíso del sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Estas mujeres se equiparaban a los guerreros, ya que habían librado una gran batalla, la de parir. Su muerte provocaba una mezcla de tristeza y alegría, ya que, debido a su coraje, acompañaban al sol en su camino. Habitar el Omeyocan era un privilegio ya que era un lugar de gozo permanente, en el que se festejaba al sol y se le acompañaba con música, cantos y bailes. Los muertos que iban al Omeyocan, después de cuatro años, volvían de nuevo al mundo, convertidos en pájaros de preciosas plumas multicolores. Morir en la lucha era considerada como la mejor de las muertes. Para ellos, a diferencia de otras culturas, en la muerte existía un sentimiento de esperanza, ya que existía la posibilidad de caminar junto al sol en su nacimiento y trascender convertido en ave.

Los que fallecían de forma natural debían llevar a cabo un tortuoso viaje de cuatro años, durante el que tenían que enfrentarse a todo tipo de peligros: Para recorrer este camino el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, Señor de la Muerte. Los afortunados que finalizaban el camino, llegaban a Mictlán. (Estas creencias coinciden con la localización de varias tumbas con objetos funerarios de alrededor de 1800 A.C. - 1300 A.C.)

Los aztecas crearon toda una cultura alrededor de la muerte, utilizando el arte para crear gran número de esculturas y la literatura para expresar su filosofía acerca de ella.

Los niños fallecidos tenían un lugar especial, llamado Chichihuacuauhco, donde existía un árbol que goteaba leche para alimentarlos. Los niños volverían a la tierra cuando desapareciera la raza que la habitaba. De esta forma, de la muerte renacería la vida.


Dulces de azúcar con forma de calavera y Pan de Muerto, platos típicos del Día de los Muertos

Gracias a los escritos de los frailes, exploradores…conocemos que se celebraban dos festividades a lo largo del año dedicadas a la muerte, Miccaihultontli, la fiesta dedicada a los niños inocentes muertos que se celebraría en el período de Tlaxochimaco (“mes” de aproximadamente veinte días y que se correspondería con el actual Septiembre) y Hueymiccailhuitl, la fiesta grande de los muertos adultos, en el período de Xócotl Huetzi, (equivalente al actual mes de Octubre). La evangelización en el s. XVI por parte de los españoles, introduciría nuevas ideas acerca del lugar hacia donde llegaban las almas de los difuntos, modificando además las fechas de las celebraciones prehispánicas del calendario náhuatl, al calendario cristiano y haciéndolas coincidir con las festividades de Todos los Santos y Fieles Difuntos, ( 1 y 2 de noviembre)

Algunas de las creencias prehispánicas continúan vivas  entre los grupos indígenas actuales mezclados con  algunos elementos del cristianismo.


La celebración

Si bien cada estado mexicano tiene sus propias costumbres y tradiciones para celebrar la fiesta del Día de los Muertos, difiriendo sobre todo en la gastronomía propia de estos días, existen elementos comunes, entre los que se encuentra también la OFRENDA, y que consisten en lo siguiente:

En las casas se colocan altares con las imágenes de los difuntos que se recuerdan. El altar tiene “papel picado”, “flores de Cempazúchitl”, comida típica de la región y del gusto del difunto, velas, dulces y otros elementos. Además del altar en el hogar, la familia visita el cementerio y la tumba donde descansa su ser querido para ofrecerle, también allí, comida, flores y se encienden velas en su honor.

Hay que destacar que, para los indígenas, la muerte no era sino el inicio de un nuevo período en la vida, de carácter renovador.

La celebración de este día da vida a la creencia de que los difuntos tienen “permiso en esta ocasión, para visitar a sus seres queridos de este mundo”. Desde la época prehispánica, el culto a la muerte ha estado ligado a la vida del mexicano, que la respeta y al mismo tiempo juega con ella y adopta una actitud humorística, une la alegría con la tristeza, la devoción con la diversión.


Algunos elementos típicos de la celebración

- PAN DE MUERTO: es un panecillo dulce que se hornea en distintas formas, desde simples formas redondas hasta cráneos, adornado con figuras del mismo pan en forma de hueso y se espolvorea con azúcar.


Flores de Cempazúchitl, símbolos en la decoración y las ofrendas del Día de los Muertos

-Las RIMAS o CALAVERAS son epitafios de carácter humorístico de personas vivas, en los que la muerte bromea con ellos, y sus características más representativas dejando clara su intención de llevárselos con ella a la tumba…Hoy en día, es costumbre que las calaveras estén dedicadas a personajes públicos.

- Los DULCES de azúcar, también en forma de calavera y adornados con el nombre del difunto en la frente que degustan los familiares y amigos del muerto.

- GRABADOS o litografías, entre las que destacan las de José Guadalupe Posada y su personaje de “La Catrina” (representando a la diosa Mictecacíhuatl o La Dama de la Muerte), y que se utilizan a modo de decoración por sus alusiones a la muerte festiva.


El concepto de la muerte ha causado admiración, miedo y dudas al ser humano durante toda la historia. A lo largo del tiempo, las diferentes culturas han generado creencias en torno a la muerte que han logrado desarrollar toda una serie de ritos y tradiciones ya sea para venerarla, honrarla, espantarla e incluso para burlarse de ella. México es un país rico en cultura y tradiciones y uno de los principales aspectos que conforman su identidad nacional es la concepción que se tiene sobre la muerte y todas las tradiciones y creencias que giran en torno a ella.

En la actualidad, conviven en México las tradiciones ancestrales prehispánicas y religiosas con la “invasión” de la fiesta estadounidense de Halloween creando controversia entre los mexicanos, y dando lugar al debate acerca de la posible degradación que la riqueza de la celebración del Día de los Muertos contiene, y la suplantación en las generaciones más jóvenes de lo que es tradición frente a una simple fiesta. En palabras de un gran amigo:

“Debemos valorar la riqueza de nuestra propia tradición, de la identidad como se pierde ante un espectáculo burdo. En nuestra tradición, no tememos a la muerte, la conocemos, la respetamos y sabemos que ahí está siempre”

Gracias Sam.


www.youtube.com/watch?v=h-5G9HuvGcM

www.youtube.com/watch?v=pTFzUhnLUd4

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